La bola negra me ha dejado completamente maravillado. Después de ver lo nuevo de Javier Calvo y Javier Ambrossi salí del cine con la sensación de haber asistido a una película enorme, ambiciosa y tremendamente cuidada, pero también a una historia que tiene muy claro qué quiere contar y, sobre todo, qué quiere hacernos sentir. Los Javis dan aquí un paso importante dentro de su trayectoria cinematográfica y lo hacen construyendo una película que utiliza diferentes épocas y personajes para hablar de identidad, deseo, memoria, amor y trauma, pero también de la manera en la que nuestro pasado continúa teniendo presencia en nuestras vidas.
La película nace a partir de la obra inacabada homónima de Federico García Lorca y en la pieza teatral La piedra oscura de Alberto Conejero. Con el guion, firmado por Los Javis junto a Conejero, conecta tres momentos diferentes y las historias de varios personajes separados por el tiempo, pero unidos por una serie de circunstancias que iremos descubriendo a medida que avanza la película. La propuesta resulta especialmente interesante porque no pretende convertirse en una adaptación convencional de Lorca ni en un biopic sobre su figura. El universo lorquiano sirve como inspiración para hablar de algo mucho más amplio: aquello que una generación puede dejar atrás y que, sin embargo, continúa condicionando la vida de quienes vienen después.
Creo que esa idea está muy bien integrada en la estructura de la película. Las diferentes historias no funcionan como compartimentos independientes, sino que van encontrando conexiones que hacen que comprendamos mejor tanto a los personajes como el significado de lo que estamos viendo. La bola negra no tiene prisa por explicarlo todo y eso me ha gustado especialmente. Los Javis confían en que el espectador sea capaz de ir recogiendo las piezas y de entender qué relación existe entre ellas, permitiendo que determinadas revelaciones tengan un peso emocional mucho mayor precisamente porque hemos llegado a ellas poco a poco.
El pasado tiene una presencia constante en la película, pero no como una simple recreación histórica. Lo que ocurrió antes continúa afectando al presente y determinadas decisiones, secretos y silencios terminan pasando de unas personas a otras. Esa mirada hacia la memoria conecta muy bien con algunos de los temas que Los Javis ya han explorado en sus anteriores trabajos, aunque aquí lo hacen desde una escala mucho mayor. Después de La llamada, Paquita Salas, Veneno y La Mesías, se nota que han querido ampliar su lenguaje cinematográfico y enfrentarse a una historia más compleja, tanto por su estructura como por la dimensión de su propuesta.

Y creo que lo consiguen especialmente bien a través de la puesta en escena. La bola negra es una película visualmente espectacular. La fotografía de Gris Jordana, el diseño de producción, el vestuario, la iluminación y la dirección artística construyen un universo que tiene muchísimo cuidado detrás. Cada época tiene una identidad propia y, al mismo tiempo, todas forman parte de una misma película. Hay una atención constante a los espacios, a la composición de los planos y a la manera en la que los personajes se relacionan con aquello que les rodea.
También me parece especialmente acertada la forma en la que la película utiliza sus diferentes épocas para demostrar que algunas cuestiones siguen estando presentes independientemente del momento histórico. Las circunstancias cambian, pero el miedo a no poder ser uno mismo, la necesidad de sentirse querido, el deseo o la dificultad de enfrentarse a aquello que nos han impuesto siguen siendo reconocibles. La bola negra habla de un contexto muy concreto, pero consigue que sus temas tengan una dimensión mucho más universal.
El reparto es otro de los grandes pilares de la película. Guitarricadelafuente, Carlos González, Milo Quifes, Miguel Bernardeau, Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close forman un conjunto muy potente y, en términos generales, las interpretaciones me han parecido muy sólidas. Hay además una diferencia interesante entre intérpretes con una trayectoria muy amplia y quienes se enfrentan por primera vez a un proyecto de estas características, pero el conjunto funciona y Los Javis demuestran una vez más que saben trabajar muy bien con sus actores.
Me ha gustado especialmente la naturalidad con la que muchos de los personajes transmiten emociones que podrían haber caído fácilmente en el exceso. La película tiene momentos muy intensos, pero no necesita convertir cada uno de ellos en un gran discurso. En muchas ocasiones basta con una mirada, una pausa o una reacción para entender qué está pasando por dentro de un personaje. Esa contención hace que cuando llega alguno de los momentos realmente emocionales tenga todavía más fuerza.

Y si hablamos de emoción, la música tiene mucho que decir. La banda sonora acompaña la película de una manera muy importante y hay escenas en las que la combinación entre música, fotografía, montaje e interpretación consigue un resultado realmente poderoso. La presencia del universo musical de Lorca y la utilización de determinadas canciones refuerzan además esa relación entre pasado y presente que atraviesa toda la película. Hay momentos en los que todos los elementos parecen encajar a la perfección y consiguen que una escena se quede contigo mucho después de haberla visto.
En ese sentido, La bola negra me parece una película especialmente cinematográfica. Es una obra que gana muchísimo en una sala, tanto por su apartado visual como por la manera en la que utiliza el sonido y la música. Los Javis han construido un proyecto que pide ser visto en pantalla grande y que aprovecha todas las posibilidades del medio para contar una historia que, en otras manos, quizá habría terminado siendo mucho más convencional.
También me parece interesante cómo la película habla de la identidad sin reducir a sus personajes a aquello que desean o a las dificultades que tienen que afrontar. Son personas completas, con contradicciones, relaciones y conflictos propios. El deseo forma parte de sus vidas, pero no las define por completo. Y esa mirada hace que el discurso de la película resulte mucho más humano y menos evidente.
Al final, creo que La bola negra funciona porque detrás de toda su ambición hay una historia profundamente emocional. La película habla de Lorca, pero también habla de muchas otras personas que tuvieron que esconder una parte de sí mismas, de quienes vivieron en momentos en los que determinadas libertades no estaban al alcance de todos y de las consecuencias que pueden tener esos silencios cuando pasan los años.

He salido del cine completamente maravillado y con muchas ganas de seguir pensando en la película. Me ha emocionado, me ha sorprendido visualmente y me ha gustado la forma en la que utiliza el pasado para hablar de cuestiones que siguen formando parte de nuestro presente. La bola negra es, para mí, una de las películas españolas más interesantes que he visto este año y una muestra de que Los Javis todavía tienen mucho que explorar cuando se ponen detrás de una cámara.

