Hay series que simplemente vemos y otras que terminan formando parte de una época de nuestra vida. Once Upon a Time pertenece, al menos para mí, a esa segunda categoría. Quince años después de su estreno, volver a Storybrooke es una oportunidad perfecta para recordar por qué aquella mezcla de cuentos de hadas, maldiciones y mundo moderno consiguió engancharnos.
El 23 de octubre de 2011, ABC estrenaba Once Upon a Time, una serie creada por Adam Horowitz y Edward Kitsis, guionistas y productores que ya habían trabajado juntos en Lost. La propuesta era tan sencilla como atractiva: todos los personajes de los cuentos de hadas que conocemos están atrapados en nuestro mundo, concretamente en un pequeño pueblo de Maine llamado Storybrooke, pero ninguno recuerda quién es realmente. La responsable es Regina Mills, la Reina Malvada, que ha lanzado una maldición para arrebatarles sus finales felices. Solo una persona puede romperla: Emma Swan.
La serie tenía, además, un punto de partida especialmente interesante porque no se limitaba a trasladar los cuentos clásicos a la televisión. La gracia estaba en descubrir qué había ocurrido con esos personajes después de que terminara la historia que todos conocíamos. Blancanieves no era solamente Blancanieves, el Príncipe Encantador tenía mucho más que contar y la Reina Malvada dejaba de ser una simple villana para convertirse en uno de los personajes más complejos de toda la ficción.
Durante siete temporadas y 156 episodios, Once Upon a Time fue ampliando su universo, incorporando nuevos personajes, mundos y mitologías hasta convertirse en una enorme colección de cuentos entrelazados. Tenían toda la maquinaría de Disney a su disposición. No todo funcionó igual de bien, por supuesto, y probablemente la serie sea una de esas producciones que se disfrutan de manera muy diferente dependiendo de la temporada en la que nos encontremos. Pero eso no impide que sus primeros años, sus personajes y algunas de sus historias sigan teniendo un encanto muy especial.
Con motivo de su 15.º aniversario, creo que merece la pena volver a abrir aquel libro de cuentos. Y si todavía no has visto la serie o hace demasiado tiempo que no paseas por Storybrooke, estos son cinco motivos por los que Once Upon a Time sigue mereciendo una oportunidad.

1. Emma Swan: la persona que no creía en los cuentos
Uno de los mayores aciertos de Once Upon a Time fue convertir a Emma Swan en nuestra puerta de entrada a este universo. Cuando conocemos al personaje interpretado por Jennifer Morrison, no tenemos delante a la típica protagonista de una historia de fantasía. Emma es una mujer independiente, desconfiada y acostumbrada a sobrevivir por sus propios medios. Su vida cambia cuando Henry, el hijo que dio en adopción diez años atrás, aparece en su puerta con un libro de cuentos y una historia que parece completamente imposible. Según Henry, ella es la hija de Blancanieves y el Príncipe Encantador y los habitantes de Storybrooke son personajes de cuentos atrapados en nuestro mundo.
Lo interesante es que Emma no se lo cree. Y precisamente ahí está la clave. Si hubiéramos empezado la serie con una protagonista que conociera la magia, el universo de los cuentos o aceptara desde el primer momento que todo lo que Henry le está contando es verdad, habríamos perdido buena parte de la diversión. Emma representa al espectador. Nosotros tampoco sabemos qué está pasando y necesitamos descubrirlo junto a ella.
Pero su historia va mucho más allá de romper una maldición. Emma es un personaje marcado por el abandono y por la sensación de no pertenecer a ningún sitio. A medida que avanza la serie, tendrá que aprender a confiar en otras personas, aceptar su propia historia y, sobre todo, entender que puede formar parte de una familia.
Eso convierte su viaje en algo bastante más universal que una simple aventura fantástica. Porque Once Upon a Timeutiliza los cuentos de hadas para hablar de cosas muy reales: la soledad, la familia, el miedo a ser rechazado y la necesidad de encontrar un lugar al que llamar hogar.
Y quizá esa sea una de las mejores maneras de entrar en Storybrooke: a través de alguien que, como nosotros, al principio no cree en nada de aquello.

2. Regina Mills, mucho más que la Reina Malvada
Si hay un personaje que demuestra hasta qué punto Once Upon a Time podía jugar con los conceptos de héroe y villano, ese es Regina Mills. Cuando comienza la serie, conocemos a la alcaldesa de Storybrooke como una mujer autoritaria, manipuladora y aparentemente incapaz de sentir empatía por los demás. Pero sabemos que detrás de ella se encuentra la Reina Malvada, responsable de la maldición que mantiene atrapados a todos los personajes de cuento.
Regina podría haberse quedado perfectamente en el papel de gran villana de la historia. Sin embargo, una de las decisiones más interesantes de la serie fue dedicar tiempo a explicar cómo llegó a convertirse en esa mujer. Su pasado, su relación con su madre, el amor que perdió y las decisiones que tomó ayudan a comprender que detrás de la Reina Malvada existe una persona profundamente herida.
Y esa evolución es precisamente lo que hace que Regina sea uno de los grandes motivos para volver a ver la serie.
Lana Parrilla consiguió construir un personaje que podía resultar aterrador en un momento y tremendamente vulnerable en el siguiente. Además, su relación con Henry añade una dimensión completamente diferente. Regina puede haber comenzado siendo la villana que quiere destruir los finales felices de los demás, pero también es una madre que ama profundamente a su hijo.
Con el paso de las temporadas, la frontera entre Regina y la Reina Malvada se vuelve cada vez más interesante. ¿Puede una persona cambiar? ¿Hasta qué punto nuestros errores del pasado nos definen? ¿Es posible conseguir un final feliz después de haber hecho cosas terribles?
Son preguntas que Once Upon a Time repetirá de diferentes maneras durante toda su trayectoria, pero Regina es probablemente el personaje que mejor representa esa idea.
Y también es uno de los mejores ejemplos de algo que la serie entendió bastante bien: un buen villano no tiene por qué ser alguien malvado sin más; puede ser alguien a quien acabamos comprendiendo.

3. Rumplestiltskin y el precio de la magia
Y si hablamos de personajes complejos, resulta imposible olvidarnos de Rumplestiltskin. Robert Carlyle fue uno de los grandes fichajes de la serie y su interpretación de este personaje es, para mí, uno de los motivos más importantes para regresar a Once Upon a Time. En Storybrooke conocemos al señor Gold, un hombre misterioso y aparentemente inofensivo que, sin embargo, esconde una enorme cantidad de poder. En el mundo de los cuentos es Rumplestiltskin, el Oscuro, uno de los personajes más peligrosos relacionados con la magia.
Rumple representa una de las ideas que más veces aparecen a lo largo de la serie: la magia siempre tiene un precio. Sus tratos con otros personajes, sus manipulaciones y su capacidad para aprovechar las debilidades de los demás hacen que sea imposible saber exactamente cuáles son sus verdaderas intenciones.
Pero, de nuevo, la serie no se conforma con convertirlo en un villano. Poco a poco conocemos al hombre que existía antes de convertirse en el Oscuro y descubrimos que muchas de sus decisiones están relacionadas con el miedo a perder a su hijo y con su incapacidad para enfrentarse a sus propios temores.
Es uno de esos personajes que pueden resultar desesperantes y fascinantes prácticamente al mismo tiempo. Y Robert Carlyle tiene buena parte de la responsabilidad de que funcione. Su Rumplestiltskin podía pasar de la comedia al drama y de la ternura a la amenaza en cuestión de segundos.
Además, su historia sirve para conectar buena parte de las tramas de la serie. Rumple está relacionado con muchos de los acontecimientos importantes de este universo y su obsesión con los tratos, la magia y los finales felices termina convirtiéndose en una de las columnas vertebrales de Once Upon a Time.
No es casualidad que, cuando la serie llegó a su final, su historia siguiera estando en el centro de la conclusión. Los propios creadores explicaron que su viaje estaba relacionado con conseguir finalmente aquello que había estado buscando durante toda la serie: un auténtico final feliz.

4. Porque convierte los cuentos que conocemos en historias completamente diferentes
Probablemente el gran atractivo de Once Upon a Time durante sus primeras temporadas era jugar con algo que todos conocemos: los cuentos de hadas.
Todos sabemos quién es Blancanieves. Sabemos quién es Caperucita Roja, quién es Pinocho o quién es Pepito Grillo. Conocemos a la Reina Malvada y sabemos que existe un Príncipe Encantador esperando para despertar a la princesa.
Pero ¿qué ocurre si cambiamos las reglas?
Esa es la pregunta que plantea constantemente la serie. En Storybrooke, los personajes tienen otras identidades y, lo más importante, otras historias. Caperucita Roja es mucho más de lo que aparenta. El cazador tiene su propio recorrido. Pinocho aparece convertido en un personaje completamente diferente y el señor Gold esconde la identidad de uno de los seres mágicos más poderosos de este universo.
El juego de descubrir quién es quién fue una de las grandes bazas de la primera temporada. Los episodios iban alternando la vida en Storybrooke con los acontecimientos del Bosque Encantado y poco a poco íbamos completando las piezas del puzle.
Era una fórmula que funcionaba especialmente bien porque partía de personajes que ya conocíamos. No necesitábamos que alguien nos explicara quién era Blancanieves; lo interesante era descubrir qué había ocurrido con ella antes de convertirse en la mujer que conocemos en Storybrooke.
Y a medida que la serie creció, también lo hizo su universo. Aparecieron el Capitán Garfio, Peter Pan, Alicia, Mérida, Elsa, Anna y muchos otros personajes procedentes de diferentes cuentos, leyendas y producciones de Disney. La serie llegó a convertirse prácticamente en un gigantesco crossover de historias de nuestra infancia.
Puede que algunas de esas incorporaciones funcionaran mejor que otras y que, con el tiempo, la fórmula llegara a resultar algo excesiva. Pero volver a la primera temporada permite recordar lo divertido que era descubrir que aquel personaje que acababa de aparecer era, en realidad, alguien que conocíamos de toda la vida.

5. Porque, en el fondo, Once Upon a Time habla de los finales felices
Después de siete temporadas, probablemente la mejor manera de entender Once Upon a Time sea dejar de pensar en ella como una serie sobre princesas, villanos y magia.
En realidad, es una serie sobre los finales felices.
Pero no sobre esos finales felices perfectos que aparecen al final de los cuentos. La serie se pregunta constantemente qué significa realmente ser feliz y si una persona puede encontrar su propio final después de haber pasado por situaciones terribles.
Para Emma, un final feliz puede significar tener una familia. Para Regina, aprender a ser querida sin necesidad de controlar a los demás. Para Rumplestiltskin, enfrentarse a sus propios miedos y descubrir qué está dispuesto a sacrificar por las personas que ama. Para otros personajes puede significar recuperar a alguien, perdonar, encontrar el amor o simplemente dejar atrás una vida marcada por el dolor.
Por eso el concepto de “felices para siempre” acaba evolucionando durante la serie. No se trata de llegar a un punto en el que todos los problemas desaparecen para siempre, sino de encontrar a las personas con las que quieres afrontar los siguientes.
Es una idea especialmente bonita para una serie que, en muchos sentidos, habla de personajes que han pasado demasiado tiempo intentando recuperar algo que perdieron.
Y quizá sea también una de las razones por las que Once Upon a Time sigue teniendo algo especial 15 años después.

15 años después, ¿seguimos creyendo en los cuentos?
Once Upon a Time terminó el 18 de mayo de 2018, después de siete temporadas y 156 episodios, pero Storybrooke sigue existiendo en ese pequeño rincón de la memoria que ocupan las series que vimos en un momento concreto de nuestra vida.
Vista hoy, evidentemente, no es una serie perfecta. Su ambición terminó provocando que el universo creciera hasta límites difíciles de controlar y hay temporadas y tramas que funcionan mucho mejor que otras. También es inevitable que algunos de sus efectos visuales o determinadas decisiones narrativas hayan envejecido más que otras.
Pero creo que sería injusto valorar Once Upon a Time únicamente por sus defectos. Porque debajo de las maldiciones, los viajes entre mundos, las princesas, los villanos y todas las referencias a los cuentos que conocemos hay una historia que siempre tuvo muy claro qué quería transmitir: la esperanza de que las cosas puedan mejorar.
Y quizá por eso volver ahora a sus primeros episodios puede resultar tan reconfortante. Porque en una época en la que parece que conocemos todas las historias antes incluso de que comiencen, Once Upon a Time nos recordaba algo muy sencillo: que un cuento conocido todavía puede contarse de otra manera.
Han pasado 15 años desde que Emma Swan llegó a Storybrooke y Henry abrió aquel libro de cuentos. Nosotros hemos cambiado, los actores han cambiado y la televisión ha cambiado muchísimo desde entonces. Pero los cuentos siguen ahí.
Porque, al final, quizá nunca dejamos de creer en los finales felices. Simplemente aprendemos que no siempre se parecen a los que nos contaron de pequeños.
¿Tú viste Once Upon a Time cuando se estrenó? ¿Cuál es tu personaje favorito de la serie y qué cuento o personaje añadirías a esta lista? Te leo en los comentarios.

