Crítica de ‘El final de Oak Street’, cuando los dinosaurios llegan al barrio

Hay películas que necesitan llevarnos a lugares extraordinarios para hacernos sentir que estamos viviendo una aventura. Una isla perdida, un parque temático, un valle escondido, una expedición en mitad de ninguna parte… El cine de dinosaurios nos ha acostumbrado a que estas criaturas aparezcan siempre asociadas a escenarios enormes, exóticos y alejados de nuestra realidad. Por eso, una de las cosas que más me han gustado de El final de Oak Street es su sencillez. David Robert Mitchell decide tomar una calle residencial cualquiera y convertirla en el escenario de una historia de supervivencia.

Y quizá ahí esté también una de las grandes sorpresas de la película. Porque, aunque por su premisa pueda parecer que estamos ante otra película de dinosaurios, El final de Oak Street tiene más interés cuando se aleja del espectáculo y se centra en las personas que hay en medio de todo este caos. Los dinosaurios son, evidentemente, el gran reclamo, pero debajo de ellos encontramos una historia familiar y, especialmente, el retrato de una mujer que lleva tiempo sintiendo que su vida se ha convertido en algo de lo que necesita escapar.

David Robert Mitchell, director de It Follows y Lo que esconde Silver Lake, se enfrenta aquí a un tipo de película muy diferente a sus trabajos anteriores. Y aunque conserva parte de esa inquietud que ya estaba presente en sus películas, aquí se deja llevar por un cine de aventuras mucho más reconocible. Hay algo profundamente nostálgico en El final de Oak Street, una película que parece mirar constantemente hacia ese cine de los años 80 y 90 que nos enseñó que cualquier barrio podía esconder una aventura extraordinaria. Es imposible no pensar en E.T.Los Goonies o incluso en toda esa tradición de aventuras familiares que convirtió los suburbios estadounidenses en lugares llenos de posibilidades.

La diferencia es que aquí el viaje de vuelta a los ochenta y los noventa viene acompañado de dinosaurios bastante menos amables. Y eso es precisamente lo que hace que la película me haya sorprendido tanto.

Una aventura que sabe jugar con el espacio

Uno de los aspectos que más me han convencido de El final de Oak Street es la dirección de David Robert Mitchell. Hay algo muy estimulante en la manera en la que utiliza el espacio para construir las escenas de tensión. Las casas, los pasillos, las habitaciones, los jardines o incluso los coches dejan de ser simples elementos del decorado y se convierten en parte fundamental de las persecuciones.

No necesitamos que la película esté constantemente enseñándonos a los dinosaurios para sentir que están ahí. De hecho, creo que algunos de sus mejores momentos aparecen precisamente cuando juega con la posibilidad de que haya algo al otro lado de una puerta, de una ventana o escondido en algún punto del espacio que estamos viendo. Mitchell entiende que una casa perfectamente reconocible puede convertirse en un lugar aterrador cuando dejamos de tener el control sobre ella.

Las persecuciones son, probablemente, uno de los grandes atractivos de la película. Me gusta especialmente que no se limiten a mostrar a los personajes corriendo mientras un dinosaurio les persigue, sino que aprovechen la arquitectura de ese barrio para generar situaciones diferentes. Lo cotidiano se transforma en una herramienta de supervivencia y, de alguna manera, eso consigue que la película tenga una personalidad propia dentro de un género que ya hemos visto muchas veces.

No todo me convence de la puesta en escena. Hay determinados planos en escorzo, con un personaje de espaldas ocupando buena parte del primer plano mientras otro mira hacia cámara, que personalmente no terminan de funcionar conmigo. Entiendo la intención visual y la decisión encaja con esa estética que parece querer recuperar parte del cine de décadas pasadas, pero en algunos momentos me resulta demasiado evidente y termina sacándome ligeramente de la película.

Aun así, hay secuencias realmente conseguidas. Y especialmente unos primeros minutos que, sinceramente, consiguieron dejarme completamente sorprendido. Cuando la película decide enseñar sus cartas y aparecen los dinosaurios, tuve esa sensación que pocas películas consiguen provocar: la de no saber exactamente hacia dónde va a ir la historia. Me dejó bastante shockeado y, sí, también con ganas de aplaudir.

Porque El final de Oak Street no parece tener miedo a ensuciar un poco ese recuerdo amable del cine de aventuras de nuestra infancia.

Dinosaurios, sangre y nostalgia

Hay una parte de la película que me parece especialmente interesante y es cómo combina esa nostalgia con una violencia que no esperas necesariamente de una historia que bebe tanto del cine de aventuras familiar.

La película tiene mucho de Los Goonies y de E.T. en su ADN, pero después introduce dinosaurios que convierten esa aventura en algo bastante más sangriento. Y creo que ahí David Robert Mitchell encuentra un equilibrio que funciona durante buena parte del metraje. No estamos simplemente ante un ejercicio de nostalgia que pretende recordarnos lo mucho que nos gustaban aquellas películas. Hay una intención de coger esos ingredientes y llevarlos hacia otro lugar.

También ayuda muchísimo la banda sonora. Desde prácticamente el principio consiguió conquistarme. Tiene ese carácter de gran aventura, de película que quiere hacernos sentir que estamos ante algo enorme, y al mismo tiempo refuerza esa sensación de estar viendo una producción que bebe directamente de otra época del cine. La música tiene una presencia importante y consigue elevar algunas escenas que quizá, sin ella, no tendrían exactamente el mismo impacto.

Y después están los dinosaurios, claro. Porque si una película se llama El final de Oak Street y nos promete dinosaurios, más nos vale que cuando aparezcan merezcan la pena.

Y los míos los han merecido.

Anne Hathaway y una protagonista que necesita escapar

Pero si hay algo que hace que la película tenga más interés del que podría tener una simple aventura de supervivencia es Anne Hathaway.

Hathaway está fantástica como Denise, una mujer que ya se encontraba en una especie de crisis personal antes de que su mundo se llenase de dinosaurios. Y me gusta especialmente que la película no reduzca a su personaje a convertirse en una especie de heroína de acción que tiene que aprender a sobrevivir.

Porque sí, también tenemos a Anne Hathaway enfrentándose a dinosaurios y, en determinados momentos, resulta inevitable pensar en Laura Dern y Jurassic Park. Pero para mí lo más interesante no está en esa parte. Está en todo lo que ocurre dentro de Denise.

La película nos habla de una mujer que siente que su vida se ha convertido en una jaula. A través de la escritura expresa pensamientos y deseos que probablemente no se atrevería a compartir con los demás, incluido ese impulso de coger una maleta y marcharse. Y aquí aparece uno de los temas que más me gustan de la película: la idea de que una persona puede querer a su familia y, al mismo tiempo, sentir que necesita escapar de la vida que ha construido.

No creo que El final de Oak Street pretenda ofrecer una respuesta sencilla a ese conflicto, y precisamente por eso me interesa. Denise no es simplemente una madre que tiene que proteger a sus hijos. Es una mujer que está intentando entender qué quiere de su propia vida.

En ese sentido, hubo momentos en los que pensé muchísimo en Las horas y, concretamente, en el personaje de Julianne Moore. Hay una sensación parecida de insatisfacción, de estar atrapada dentro de una vida que desde fuera puede parecer perfecta, pero que por dentro se siente completamente ajena.

Y me gusta que el guion no abandone esa dimensión del personaje cuando llegan los dinosaurios. Al contrario, el desastre exterior termina funcionando como una especie de reflejo de un conflicto que Denise ya llevaba dentro.

La llegada de los dinosaurios lo cambia todo, sí, pero también obliga a Denise a enfrentarse a aquello de lo que llevaba tiempo intentando escapar.

Una familia que no está igual de bien desarrollada

El problema es que esta profundidad no está tan presente en todos los personajes. Creo que Greg, interpretado por Ewan McGregor, es probablemente quien más sufre en comparación con Denise. McGregor es un actor con capacidad más que demostrada para construir personajes complejos, pero aquí siento que el guion no le proporciona demasiado material. Su personaje tiene determinados conflictos, pero no llegan a desarrollarse con la misma profundidad que los de Anne Hathaway.

Algo parecido me sucede con Brian, interpretado por Christian Convery. Mientras que Audrey, el personaje de Maisy Stella, me parece mucho más sólido y consistente, hay otros personajes que parecen moverse de una situación a otra simplemente porque la historia necesita llevarlos hasta allí. Y eso provoca cierta desigualdad dentro de la familia.

No creo que sea un problema que todos los personajes tengan que tener un arco enorme. Una película como esta necesita avanzar y tiene que dedicar buena parte de su tiempo a los dinosaurios, las persecuciones y la supervivencia. Pero cuando la película consigue hacer que nos metamos tanto en la cabeza de Denise, resulta inevitable echar de menos algo más de profundidad en el resto. Especialmente porque la historia familiar podría haber sido uno de sus grandes puntos fuertes.

Cuando el humor rompe la tensión

También tengo sentimientos encontrados con el humor. Hay momentos en los que funciona perfectamente. Una película de supervivencia necesita respirar de vez en cuando y creo que algunos golpes de humor ayudan a que la experiencia no sea excesivamente oscura. El problema es que, en determinados momentos, creo que El final de Oak Street se pasa.Hay situaciones en las que estamos completamente metidos en una escena de tensión o en un momento emocional y el humor aparece de una manera que, en lugar de aliviar la tensión, termina rompiéndola. Y eso me parece una lástima porque creo que la película tiene capacidad para ser bastante más oscura de lo que finalmente decide ser.

No hablo de convertirla en una película de terror. Ni siquiera creo que lo necesite. Pero sí creo que determinados momentos habrían tenido mucho más impacto si el director hubiera confiado un poco más en ellos y hubiera permitido que la incomodidad permaneciese unos segundos más. Cuando la película se atreve a ser cruel, funciona especialmente bien. Cuando se permite ser inquietante, también. Por eso creo que hay ocasiones en las que el humor juega en su contra.

¿Y si sacamos a los dinosaurios del parque?

Hay algo que agradezco especialmente a El final de Oak Street: no necesitamos otro parque jurásico. Después de tantas películas de dinosaurios, resulta refrescante que la historia no necesite llevarnos a una isla, un valle perdido o un enorme parque temático para justificar la presencia de estas criaturas. Aquí los dinosaurios llegan directamente al barrio. Y eso cambia por completo la relación que tenemos con ellos.

Una casa cualquiera puede convertirse en un refugio. Un jardín puede ser territorio peligroso. Un coche puede ser la única forma de escapar. Una calle por la que alguien caminaba tranquilamente el día anterior puede convertirse en un lugar en el que cualquier esquina esconde una amenaza. Me parece una idea sencilla, pero muy efectiva.

Porque quizá hemos visto demasiadas veces a los protagonistas viajar hasta lugares extraordinarios para encontrarse con dinosaurios. Aquí lo extraordinario aparece en mitad de nuestra rutina. Y creo que eso es precisamente lo que permite que algunas de las secuencias de la película funcionen tan bien.

Una aventura imperfecta, pero muy disfrutable

El final de Oak Street no es una película perfecta y tampoco creo que necesite serlo. Tiene problemas evidentes en el desarrollo de algunos personajes, un humor que en determinados momentos me parece excesivo y algunas decisiones visuales con las que personalmente no termino de conectar. Pero también tiene algo que valoro muchísimo: personalidad.

Me ha sorprendido. Me ha dejado momentos en los que estaba completamente dentro de la historia y, sobre todo, me ha devuelto esa sensación de estar viendo una película de aventuras que no tiene miedo de jugar con el espectáculo. Y eso, en un momento en el que muchas producciones parecen estar demasiado preocupadas por explicar cada cosa y por construir universos cada vez más grandes, se agradece.

Aquí tenemos una calle. Una familia. Una mujer que necesita encontrar una salida. Y unos cuantos dinosaurios dispuestos a complicarlo absolutamente todo. Pero bajo esa premisa tan aparentemente sencilla hay una historia que habla de la familia, de la insatisfacción, de la necesidad de escapar y de cómo una situación extrema puede obligarnos a enfrentarnos a aquello que llevábamos demasiado tiempo evitando.

No estamos ante una obra que vaya a reinventar el género, pero sí ante una aventura que sabe perfectamente qué películas quiere homenajear y que, cuando se lo propone, consigue hacerlo con bastante personalidad.

REVIEW

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